Tariquet sabe nutrirse de esta tierra que da lo mejor de su esencia a sus frutos. El clima también contribuye con la característica amplitud térmica de mediados de agosto (días aún calurosos y noches ya frescas) que favorece el desarrollo de precursores aromáticos en la uva.
Pero aún así, hay que saber sacar provecho de todo ello... Si los vinos y bas-armagnacs de la bodega han conseguido llegar hasta el nivel de los mejores es porque Yves Grassa, ahora ya célebre bodeguero gascón, no dudó, hace veinticinco años, en transgredir las reglas de la vinificación tradicional de vinos blancos para conseguir una producción cuyas constantes gustativas más destacadas siguen siendo el carácter frutal, la frescura, la elegancia y la delicadeza.
Fue el primero en atreverse a plantar variedades de vid poco presentes en la región, como las chardonnay, sauvignon o chenin. Peor aún, elaboró ensamblajes de variedades enemigas como chardonnay con sauvignon o chenin con chardonnay. La idiosincrasia gustativa del Tariquet surgió de una desobediencia precedida de reflexión y razonamiento y, como siempre, seguida por una labor constante de observación y mejora tanto en el campo como en la bodega, ¡porque un auténtico viticultor hace el vino en la viña!
En contra de la opinión general, Yves Grassa tomó el tortuoso camino de la producción de vinos blancos... y terminó siendo galardonado como vinomaker of the year (mejor bodeguero del año).
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