Reglas ecológicas
y defensa del consumidor
La familia Grassa ha sabido conservar la esencia del sentido común característico del agricultor. Honradez (no pedir por un producto más de lo que vale), constancia (plantar viñas supone un compromiso de al menos 30 años para el viticultor), orden y respeto (la planta sólo da lo mejor de sí misma cuando crece de forma equilibrada: hay que devolver a la naturaleza lo que nos da con tanta generosidad).
Los abonos empleados son de origen biológico. Recurrimos a las mejores técnicas para conseguir cumplir nuestras promesas. Para mitigar la incidencia de los tratamientos de la vid en los zumos desmineralizamos parcialmente y bajamos el pH del agua utilizada para disolver los principios activos. Como también reducimos en casi un 40% el uso de productos fitosanitarios, el resultado es aleccionador y se repercute en el tratamiento de efluentes: gracias a nuestra estación depuradora, las aguas residuales no producen impacto alguno en el medio ambiente.
Reducimos al mínimo necesario el uso de sulfitos, sustituyéndolos por productos antioxidantes como la vitamina C. Y como no hay que escatimar esfuerzos, el vidrio de la botella, el aluminio de la cápsula, el papel de la etiqueta y el cartón del envase son 100% reciclables. |