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Una familia, una historia, un château…
Del domador de osos de Erce del siglo XIX hasta los viticultores del siglo XXI: ¡toda familia tiene su historia!


A la Francia agrícola de finales del siglo XIX le costaba alimentar a todos sus retoños. En las zonas rurales, los candidatos a la emigración se lanzaban a la aventura armados de valor...

Nuestra historia empieza en aquel entonces. En la agreste región de Ariège se encuentra el pueblecito de Ercé en los primeros contrafuertes pirenaicos. Lo pintoresco del lugar no residía en su ubicación sino en la peculiar dedicación de sus habitantes: el adiestramiento de osos. Resultaba lógico, pues, que el joven Artaud se dedicara a recorrer el mundo con sus dos compañeros plantígrados —cuyos nombres no recuerda la historia—, cruzando mares y océanos, atravesando Estados Unidos hasta el día que, probablemente cansado de tanto viaje, decidió regresar a su país natal y encontrar un lugar tranquilo donde pasar los últimos años de su vida. Al volver a Francia, en 1912, quedó fascinado por Tariquet. Pero por mucho que contara su peculio, no tenía lo suficiente como para comprarlo.

Ni corto ni perezoso, convenció a su hijo Jean-Pierre, que se había quedado en Estados Unidos con su joven esposa Pauline, también originaria de Ariège, para que le echara una mano. Jean-Pierre era camarero especializado en cócteles y trabajaba en un bar muy de moda. Juntos compraron Tariquet, una finca de la que sólo 7 hectáreas se habían salvado de la filoxera.

Toda historia bonita tiene su faceta dramática
1914 1914 marca el trágico comienzo de la Primera Guerra Mundial. Jean-Pierre Artaud es un ardiente patriota y se enrola en las tropas francesas. Durante un combate cuerpo a cuerpo recibe un bayonetazo con el que pierde tanta sangre que, durante varios años, guarda como secuela una fuerte debilidad de la memoria. Pasa varios años amnésico en diferentes hospitales franceses hasta que en 1922 regresa a Nueva York, donde su mujer Pauline no ha dejado de acudir semana tras semana a la llegada del barco procedente de Le Havre con la esperanza de ver regresar a su marido. Jean-Pierre estaba tan cambiado que apenas consiguió reconocerle.
Muy a pesar de Pauline, acostumbrada a la vida moderna de Nueva York, decidieron dejar Estados Unidos para instalarse en Francia. Su regreso quedó marcado por el nacimiento de una hija, Hélène.

De Artaud a Grassa
Pierre Grassa nació en Francia, pero sus padres eran originarios de la Sierra de Guara, situada al otro lado de los Pirineos. Era pastor de vacas y como había empezado desde pequeño a trabajar en el campo no había tenido mucho tiempo para ir a la escuela. Tenía unas ganas enormes de comerse la vida y el mundo, fuera donde fuera. El deporte conseguía contener su energía desbordante, sus ganas de vivir y triunfar. Durante el servicio militar le destinaron a Joinville, el batallón de los mejores deportistas franceses, donde consiguió aprobar el certificado de estudios. De vuelta a la vida civil, Pierre decidió quedarse en Burdeos, donde consiguió empleo en una peluquería. Como no le apasionaba el movimiento de la escoba, decidió observar atentamente el de las tijeras y bigudís, conseguir una beca de aprendíz y terminar primero de su promoción de peluquero de señoras.


1939 acabó con las ilusiones de Pierre como peluquero de señoras: la movilización general de la Segunda Guerra Mundial no le dejó elección y acabó cayendo prisionero, como sus compañeros de batallón. Pero las interminables jornadas de cautividad le resultaban insoportables al joven vivaracho, que logró evadirse y pasar a la resistencia en el suroeste de Francia, en Eauze… muy cerca de Tariquet, donde vivía Hélène.


El destino se encargó del resto. Pierre y Hélène unieron sus vidas para dar vida a Tariquet, el château y la finca… ¡que mucha falta les hacía!

Armados de valor, habiéndose prometido amor y trabajo, emprendieron la labor y consiguieron recuperar la vocación vitícola de Tariquet. ¡No olvidemos que nos encontramos en Bas-Armagnac! Cuatro hijos bendicieron su unión: Maïté, Christiane, Françoise e Yves. Maïté e Yves decidieron perpetuar el oficio quedándose a trabajar en la finca.


In 1972 crearon su primera sociedad, junto con su padre, desarrollando la venta de los armañacs elaborados en el château.

In 1982, decidieron empezar a producir vinos blancos, un mercado aún balbuceante.

No hay historia bonita sin final... esperanzador: Armin y Rémy, hijos de Yves, han decidido dedicarse también a la viticultura y empezar a escribir hoy un nuevo capítulo de esta historia.

Pauline y Jean-Pierre Artaud, los pioneros de Tariquet